
Era una noche mágica espléndida, las estrellas se veían con intensidad, con fuerza...
yo, como de costumbre estaba en la terraza de mi ático con mi telescopio, observando y escribiendo al mismo tiempo lo que sentía al ver esos astros tan espléndidos.
Observando, observando, me llamó mucho la atención una minuscúla estrella, casi no se veía, pero su brillo era el doble de poderoso que el de las demás. Me produjo tal sastifacción haberla visto que escribí:
Hay cosas en la vida que aunque no las veas están ahí, que aunque sean pequeñas son grandiosas,
pueden brillar como nadie, pueden transmitirte: paz, serenidad, calma, sociego....
Al ver esa estrellita tán minúscula, espléndida y radiánte sonreí, me senté, y pensé...
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